INDIGNACION POR LA "DIRECTIVA DE RETORNO"
La Directiva de Retorno aprobada por el Parlamento Europeo, que criminaliza
la migración y que cierra las puertas a la libre decisión de vivir en
cualquier lugar del mundo, es el inicio de una andanada de decisiones del
Viejo Continente en agravio de países en vías de desarrollo y pobres,
convertidos en expulsores de sus ciudadanos, entre otras cosas, por falta de
empleo, de oportunidades y de esperanzas.
El escenario en que la medida sale a luz es por demás lúgubre. Entre otras
razones, porque simultáneamente al proceso de aprobación, en algunos
sectores de Italia hay agresiones contra comunidades de inmigrantes, como
los gitanos, mientras decenas de inmigrantes sobre todo africanos huyen del
hambre y la violencia en precarias embarcaciones rumbo a la Unión Europea,
muriendo en el trayecto. Y en el mundo entero se extiende la crisis
alimentaria, se acentúa la crisis económica alentada por el alto precio del
petróleo y en algunas regiones se acentúa la xenofobia, el racismo y la
discriminación.
En lo inmediato, aparte, claro está de la honda preocupación de los
directamente afectados, el impacto tremendamente negativo de esa grave
decisión se traducirá en la reducción de las remesas, un factor clave en el
Perú y en los países andinos para la eliminación de la pobreza. En losúltimos años, los migrantes han enviado dinero por el orden de los 15 mil
millones de dólares a la Comunidad Andina de Naciones cada año, unos tres
mil millones al Perú, que van a la alimentación, la vivienda y la educación.
Con diplomacias timoratas, sin emoción social, América Latina y el Caribe,
sabiendo lo que venía, sólo aprobaron en la V Cumbre con la Unión Europea en
Lima, un acápite declarativo, cumplidor sobre la migración, sin exigir al
Viejo Continente, en esta oportunidad, el respecto a los Derechos Humanos de
millones de personas como continuidad a los acuerdos de la IV Cumbre de
Viena. Lo lógico era priorizar la migración en la agenda, toda vez que el
escenario sobre el tema ya era conflictivo desde hace meses.
Así las cosas, se confirmó una vez más que el Perú y América Latina, en
general, salvo algunas excepciones, estamos acostumbrados a soportar el
avasallamiento económico, político, diplomático, social, de los países
desarrollados, a cambio de un puñado de inversiones, una palmada en el
hombro de nuestros gobernantes y por el acceso de nuestros productos a un
mercado restringido, que elige a regañadientes lo que nos quiere comprar.
Horas después de la decisión de los parlamentarios europeos, hemos oído
voces de quienes, aquí en Lima, nunca tuvieron una posición ni clara ni
efímera sobre la migración, como nuestros representantes en el Parlamento
Andino o en el Congreso. Han salido a llorar sobre la leche derramada,
cuando han tenido la oportunidad de promover acuerdos históricos sobre
diferentes frentes: cómo reducir las condiciones que convierten en "expulsores" a nuestros países y cómo garantizar una inserción adecuada y
digna de los migrantes en los países de tránsito y destino.
Hay que reconocer que el Presidente de Bolivia, Evo Morales, a pesar de su
estilo confrontacional, ha sido el único que se pronunció contra esa medida
anunciada y hasta conminó a la Unión Europea a no aprobar la directiva bajo
la amenaza de boicotear el Acuerdo de Asociación para el libre comercio y
la cooperación con CAN. Rafael Correa, mandatario de Ecuador en su
pronunciamiento fue más diplomático, condicionado por una posición expresada
con anterioridad y que es facilitar el retorno de sus connacionales por las
supuestas mejoras económicas y sociales en su territorio. Recordemos que al
acentuarse la crisis interna en Ecuador, huyeron de ese país unos 2,5
millones de personas desde el año 2000.
Pero si la Directiva de Retorno o directiva de la vergüenza -que entrará en
vigencia en julio del 2010- ha sido aprobada por amplia mayoría (369 a
favor, 197 en contra y 106 abstenciones), ya es una grave amenaza, se viene
lamentablemente, una ola de medidas como la que promueve Francia contenida
en un "pacto sobre la migración", que atiende únicamente razones internas,
como sus propios intereses económicos y consagra nuevas violaciones a los
derechos humanos de los migrantes.
Nunca es tarde, sin embargo, para actuar. Hay ámbitos institucionales en los
que es importante insistir como la misma la ONU, como lo sugiere el ex
canciller José de la Puente Radbill, y por supuesto la Comunidad Andina de
Naciones, el MERCOSUR y el bloque regional, UNASUR. Un papel trascendente
vienen cumpliendo ya organizaciones de la sociedad civil y la propia Iglesia
Católica y ahora, sólo se espera una gran movilización mundial de los
propios migrantes.
Es necesario hacer entender a la Unión Europea que la migración -felizmente
algunos parlamentarios así lo comprenden- es inherente a la humanidad y que
esta misma región se ha fortalecido por el fenómeno. Precisamente, hay que
coincidir y repetir las palabras de Freddy Ehlers, secretario general del
bloque andino, al explicar el tardío pronunciamiento de los cancilleres de
la CAN (Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú), contra la directiva de retorno: "Lo que queremos nosotros es llegar a acuerdos y que se reciba a nuestros
migrantes como nosotros hemos recibido a los españoles por 500 años en estas
tierras, y a los ingleses, los alemanes, los italianos, los suizos, y los
suecos".
Por: Miguel Angel Risco
Periodista: Peruanos en el Mundo
Lima, 19 de junio de 2008